Tanto si eres hombre como mujer, entenderás perfectamente de lo que estoy hablando. Son esos contratillos laborales enfermizos que se dan cuando llegan las fiestas navideñas, la hora del consumismo atroz que se alimenta de nuestras almas en todos los sentidos. Ahora, puedes comprobar en todas las tiendas de cualquier parte de la península el cartel SE BUSCA, SE NECESITA. Y curiosamente, la palabra EXPERIENCIA, esa que tantos quebraderos de cabeza nos proporciona durante el año, la que muchas puertas nos cierra, desaparece. Ni Juan Tamariz es tan bueno. Pero sucede. Y sucede que nos agarramos a los esos contratos rastreros como a agua de mayo; y nos proporciona alegría, como cuando nos han concedido esa hipoteca salvadora que nos condicionará el resto de nuestra vida, pero que nos transmite una felicidad incomprensible. Si ya lo decía mi madre: "... a veces, te conformas con tan poco...".