Tal día como hoy, hace 32 años, nacía yo mismo. Y no era un renacer, que yo recuerde. 8 días después de la muerte del Caudillo (si, aquel que firmaba sentencias de muerte mientras almorzaba unas magdalenas con un tazón de leche), veía la luz un personaje de esos peculiares, que no dejan indiferente a nadie -véase modestia en wikipedia-, ni para lo bueno ni tampoco para lo malo. El 28 de noviembre mi madre sufría lo indecible: parir a un cabezón como yo no debe ser tarea fácil. Mi padre se confundía con un manojo de nervios y mi hermano, como nació 4 años más tarde, pues no pudo estar, cosa obvia por otro lado. Así que ale. Otro enano al mundo y a bregar en la lucha diaria de educar a un mocosete. No les fue del todo mal. O eso creo. No me da más tiempo de escribir ahora mismo. Lo mismo sigo luego. O no.
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La edad no perdona. Eso es algo incuestionable; te puedes cuidar, practicando algún que otro deporte, vigilando aquello que ingieres, evitando azúcares, sales y demás. Son muchas las opciones que puedes habilitar en tu apretada agenda para optimizar tu rendimiento de cara a los próximos años. Todo eso roza la perfección en cuanto a planificación. Sucede que hay cosas que no puedes prever, ni tan siquiera plantear, porque vienen con un problema de base debajo del brazo: son las lagunas. Más de uno se reirá, sobre todo porque ya empiezan a conocerme lo suficientemente bien y se aferrarán a la idea de que son bobadas mías. No es cierto. Uno alardea de sentirse preparado en casi todos los campos de la vida y, como mandan los cánones, las carencias nos devuelven al inframundo del desconocimiento genérico. Puedo mejorar mi resistencia física en los test course navette, afinar mi muñeca para perfeccionar el lanzamiento de triples y ser aún más infalible desde los 6.25 m (XD), o rodar a medio galope con mi vieja bici sin reventarme las rodillas si me lo tomo con filosofía. Pero las lagunas de contenido, la incapacidad de proyectar algo abstracto en mi mente, las disociaciones y enormes confusiones en un tanto por ciento elevado de mi día a día, son actualmente insuperables, infranqueables.
Uno no puede responder, ni tan siquiera escuchar cosas de las que apenas conoce un ápice. Pero lo peor, si cabe, es creer que de lo que se está hablando se sabe mucho y acabar humillado en la solemne tristeza por acertar a comprender que no tienes ni puta idea. Quizá, sólo nos queda escribir posts, comentar entre cigarros (véase davidsg.blogspot.com ) trivialidades estúpidas, semi-chistes sobre diarios deportivos, afianzándonos en la certeza de que, a lo sumo, podrías participar en La ruleta de la fortuna, véase el ahorcado de toda la vida, jugado desde la niñez, dónde las lagunas sólo representaban un mero charco de agua, residencia de nuestro invisible monstruo del lago Ness.
PD ¿Soluciones? Menos 360, más books de toda la vida y gozar de la compañía de aquellos que te miman, aunque no recuerdes las dichosas capas OSI.
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Como casi siempre, o como nunca, este blog se queda siempre a medias. Como casi todo o como casi nada. Esa disparidad de realizar y no finalizar absolutamente nothing. Siempre hay una excusa, una variable X o Y que impide que el cometido se lleve a cabo. Siempre un problema, una necesidad externa que subordina lo actual al más tarde. Algo que limita el presente para alejarlo en el futuro. Y ocurre como un logaritmo que tiende a infinito. Inquietudes, ambiciones, esperanzas. Inicio y final, pero sin llegar a finiquitarse. Como una pausa, como un pisar embrague para frenar en la cola de un peaje, en una retención. Es el fenómeno de la distracción por antonomasia la que relaja la mente, adormeciéndola, hasta variarle la dirección hacia otra cosa distinta. Y de ahi, a otra historia. Como ahora, como antes, como después. Así que, como vulgarmente se dice, a otra cosa, mariposa.

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